Una nueva práctica

Hoy quiero comentarles que me aventuré a probar una nueva actividad y extrañamente no tiene que ver mucho con el deporte. Se trata de la música, decidí salir de mi zona de confort y aspirar a nuevos horizontes aunque no estaba seguro de cuales eran mis expectativas.

Todo comenzó cuando estaba en el gimnasio, en mi sesión de cardio matutina y comenzó a sonar en mis audífonos una canción que me remontó a tiempos de mi adolescencia. Era la canción “Otherside” del grupo de funk rock Red Hot Chili Peppers.

Recuerdo cuando era joven y apenas me preparaba para iniciar la preparatoria, uno de mis tíos del lado de mi padre me habló sobre la importancia de realizar actividades fuera de la escuela, fuere lo que fuere. Fue él quien me introdujo a Red Hot Chili Peppers, Metallica, Nirvana y otros grupos que seguían dejando su huella en su paso por la década de los 90. Después de esa plática con mi tío me empeñé en conocer más música hasta que me convertí en un experto en algunos de los géneros que más llamaron mi atención.

La verdad no sé porqué nunca tomé clases de guitarra, con lo mucho que me gustaba el sonido estruendoso de la distorsión en épicas canciones como Master of Puppets de Metallica o Paradise City de Guns ´n´ Roses. Lo que es un hecho es que cuando comencé a llevar una vida más activa, esta música comenzó a ser mi combustible y hasta la fecha sigue dándome la energía y actitud necesaria para lograr esas largas sesiones de ejercicio en el gimnasio o para enfrentarme a nuevos deportes, siendo algunos de éstos incluso extremos. Debo agregar que uno de mis tíos toca en un grupo de mariachis mexiquenses, así que la música la traigo en la sangre.

Lo primero en lo que me aventuré al entrar a la preparatoria fue entrar al equipo de fútbol americano de la escuela. Me encantó formar parte de un grupo de personas unidas para lograr un objetivo en común. El espíritu deportivo se adueñó de mí y fue cuando empecé a tomar una parte activa en las actividades, no solo como mero espectador.

Después de mi incursión en los deportes me dediqué a descubrir nuevas experiencias que me hicieran sentir la misma emoción que experimenté la primera vez. He hecho de todo: Box, MMA, Capoeira, Krav Maga, skating, bicicleta, atletismo, fútbol, fútbol americano, tennis, paddle y squash hasta llegar a mi amado ski acuático, el cuál desde que comencé me ha brindado un sentimiento diferente e inigualable. Quizá fue la misma sensación que tuve cuando mi tío me presentó a su viejo amigo el rock.

Es extraño que incluso cuando algunos de mis amigos fundaron su propia escuela de música, no me inscribí en algún curso y no por falta de oportunidades, ya que he ido innumerables ocasiones a visitarlos y  pasar un buen rato con ellos.

Me acuerdo del momento exacto en el que decidí formar parte activa en la música. Fue después de ver un concierto del grupo de Heavy Metal, Avenged Sevenfold. Uno de sus integrantes, el baterista, había cumplido apenas unos meses de haber fallecido a causa de una aparente sobredosis. Los miembros de la banda tenían una química inevitable que se transmitía a la audiencia, se notaba que la sacudida de recién haber perdido a uno de sus hermanos les daba inspiración y energía para seguir adelante con más fuerza y entregándolo todo en el escenario, todo en nombre de su arte y de su integrante caído. En ese momento algo en mi despertó el interés en aprender a tocar un instrumento y tener la oportunidad de expresar lo que soy a través de vibraciones ordenadas, como el hermano de mi padre en su prestigioso grupo de música tradicional llamado Macanoba.

Ocupé parte de mis ahorros en una guitarra decente para comenzar a aprender las bases del instrumento. Una vieja Epiphone SG Special fue la indicada para guiarme en mis primeros pasos dentro de este mundo desconocido de la música. Al principio a través de videos de internet y después con tablaturas, comencé a aprender las canciones que habían ayudado a moldear mi vida con el paso de los años. Fue un poco más adelante, cuando sentí haber llegado a un estancamiento técnico y cuando me interesé en componer mis propias creaciones.

Mi perspectiva del mundo cambió, mi gusto por ver y hacer deporte se complementó con una satisfacción inevitable por no solo por escuchar sino por interpretar y componer música. Lo mejor de todo es que no me quedé estancado en un género, adquirí gusto por otros estilos que no habían llamado mi atención: Jazz, Blues, Funk, Salsa y música tradicional (principalmente del viejo continente en regiones como los países nórdicos) se convirtieron en mi nuevo abanico musical.

Actualmente me siento más completo en todos los ámbitos y  con renovadas ganas para caminar por el mundo, siguiendo cada una de mis metas y tratando de dejar una marca positiva en el mundo, convirtiéndome en un ser humano feliz en el proceso.

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